domingo, 2 de noviembre de 2008

LUGARES A LOS QUE NO DEBERÍAS IR

"Lugares a los que no deberías ir. Turismo industrial o exploraciones de sitios decrépitos. En muchas ocasiones pudriéndose en mitad de la ciudad, al abrigo de las miradas, aislados del mundo normal"

Esta reflexión que cita Antonio en una de sus últimas entradas al blog, me ha hecho pensar en lugares que he tenido que visitar recientemente por motivos de trabajo.

Hace unos días tuve que trasladarme a Francia para visitar las instalaciones de ANDRA, la empresa que en este país, se dedica a gestionar los Residuos Radioactivos de media, baja y muy baja actividad.

Para llegar a este lugar hay que recorrer kilómetros de carreteras secundarias desde la ciudad más próxima, Troyes, atravesando pequeñas villas rurales inmersas en un paisaje de tierras de cultivo y suaves colinas. Confiamos el trayecto al GPS, éste nos marcaba el camino a seguir y cada vez, nos adentrábamos más, en lo que parecía un lugar oculto en medio de la nada más absoluta.

Poco antes de llegar, encontramos el primer cartel indicativo “ANDRA” pero sin hacer alusión a lo que allí se encuentra guardado.

La instalación industrial de ANDRA no es muy sorprendente. A primera vista podría tratarse de cualquier tipo de instalación industrial. Pero no lo es. En sus inmensas naves de hormigón se almacenan toneladas de residuos radioactivos procedentes de las más de cincuenta plantas nucleares del país y de otros centros como hospitales, laboratorios de investigación y otras industrias.

En nuestra visita nos acompaña un miembro del personal de ANDRA, que nos explica los procesos a los que son sometidos los residuos para su correcto aislamiento. En algunos momentos nos ofrece ropa especial para protegernos, nada del otro mundo: un casco, unas botas, bata y un aparato que mide, en todo momento, la exposición a la radioactividad.

Le acompañamos alrededor de las naves, entramos y vemos cómo se almacenan los bidones con los residuos, cómo estos se van enterrando y finalmente el plan de reforestación de la zona. Es sorprendente ver las distintas fases: primero llegan los residuos en bidones que ocupan distintas celdas de hormigón, cuando un módulo se completa y está totalmente aislado y protegido, se vierte tierra encima, hecho esto, se puede reforestar con vegetación propia de la zona.

El resultado final es una colinita, en apariencia normal, pero que alberga en su seno toneladas de residuos radioactivos.

No es mi intención aquí criticar o manifestarme en contra de la Energía Nuclear o los residuos radioactivos. En el contexto de este blog, me interesa más reflexionar sobre los misterios que albergan los paisajes industriales, de los que poco sabemos porque normalmente se evita hablar de ellos.

Las instalaciones de ANDRA así como otras tantas instalaciones del mismo tipo; “El Cabril” en España, Sellafield en Reino Unido, Zwilag en Suiza (por mencionar unas pocas), son visitadas cada año por miles de personas, sobre todo especialistas, pero también por escolares, universitarios y gente interesada en conocerlas, bien por motivos profesionales, para conocer los sistemas de seguridad y protección del medio ambiente o simplemente por curiosidad. Además estas empresas tienen la obligación de informar de forma veraz y transparente sobre todos sus procesos.

Los desechos radioactivos de media y baja actividad deben estar aislados durante trescientos años antes de que dejen de suponer un peligro para las personas y el medio ambiente. Con el proceso de recuperación del paisaje, estos lugares recuperarán paulatinamente su aspecto original. Donde hoy hay grandes naves de hormigón, mañana habrán suaves colinas con pinos o alcornoques que ocultarán en su interior toneladas de desechos radioactivos.

Vuelvo a decir, que no soy experta en física o química y no puedo opinar sobre la buena o mala gestión de estos residuos, pero como alguien interesado en las prácticas artísticas que se abordan en este blog (Land Art, Situacionismo y en general prácticas que abordan la relación con nuestro entorno, la producción social del paisaje etc.) este tema se me antoja fascinante.

En pleno corazón de Francia, en un entorno casi idílico, pero en un lugar que alberga el mayor cementerio nuclear de Europa, no pude evitar pensar en los Situacionistas, en Richard Long y Hamish Fulton, en Robert Smithson y tantos otros protagonistas de este blog.

¿Qué tipo de viaje hubiera hecho Smithson en estos parajes?; ¿Qué mapas psicogeográficos hubieran trazado los Situacionista, qué derivas?

Recuerdo también el proyecto de Chris Noland “Bio Mapping”, una antigua entrada a este blog, y no puedo dejar de pensar en lo interesante que sería realizar su experimento en este contexto.

¿Cómo será el futuro? Cuando dentro de cincuenta años, más o menos, estos lugares recuperen su forma original ¿pasearemos por ellos sin más? ¿cómo evadir la cuestión de que andamos sobre un suelo artificial, en cuyo interior se encuentran probablemente los desechos industriales más peligrosos que el hombre ha producido?

Por último, ¿cómo abordar la representación artística de estos lugares?

En breve tendré la oportunidad de visitar Sellafield en Reino Unido, veremos que pasa allí.

3 comentarios:

Marta Villota dijo...

Hola Lorena,


Estoy encantada con las últimas entradas,.. y es que todo esto me toca tan de cerca!
Muchas de las preguntas que planteas son las cuestiones a las que me enfrento desde mi trabajo. ¿Cómo se resuelve el problema de un paisaje transformado, la herencia de una actividad industrial (sin ser necesariamente nuclear) sobre un espacio natural, desde la planificación?

Esos lugares nunca más recuperarán su estado original, de ahí que se hable de “rehabilitación” más que de “restauración natural”. Se recupera un paisaje a través de una mejora ecológica y paisajística pero nunca se vuelve a esa misma ribera o la misma colina que se explotó como mina. Sin embargo, a mí, también me resultan fascinantes estos sitios.
El problema está en esa necesidad de querer que todo vuelva a ser como antes cuando lo interesante es integrar o reciclar esta nueva y, a veces, irreversible situación como otros espacios.
Cité a Smithson en un comentario del post de los "Non-Sites" refiriéndome justamente a esto, a aceptar la “belleza” o fealdad de aquellos lugares degradados, “aceptar la situación entrópica”!... uff.. pero sin ser tan drástico sí creo, en cambio, que hay otras soluciones y modos de intervención.
¿Conocéis la rehabilitación que se hizo en el volcán del Croscat, en la zona de La Garrotxa, en Girona, después de su explotación a cielo abierto? Es alucinante pero también muy polémica.. por esta cuestión de querer verlo “todo verde” después...

Como ejemplo de una zona industrial cuya intervención se abordó desde el paisajismo y con una enorme sensibilidad, os dejo el proyecto de Büro Kiefer, Ferrópolis, cerca de Dessau (Alemania):

http://www.buero-kiefer.de/projekte/buero-kiefer.de_projekte.html

y la web de la propuesta que surgió de esto: “el Reino del Jardín Industrial”:

http://www.industrielles-gartenreich.de/english/01_start/10_start.htm



¡Pero esto estaría mucho mejor contarlo en una nueva entrada!, ¿verdad?
(... y yo que iba a colgar otra historia.. lo prometo)



Os dejo también la página de un fotógrafo que persigue estos espacios:
http://www.kropilak.com/?go=factories


un saludo.

MBI dijo...

Esto es más que interesante...
Estas cuestiones a veces irreversibles tienen una carga emocional tan grande que las transforma necesariamente en humanas, en más vulnerables y ese, creo yo, es el camino de su recuperación.
Gracias por hablar de ello.

MBI dijo...

Tengo que remitirme a tí, hoy en mi post, no puede ser de otra manera porque quiero que se extienda...