jueves, 19 de abril de 2012

Acoustic Mirror: «40.38914050609657 -3.664841651916504 (la deriva había sido lo otro, lo de antes)»





«40.38914050609657 -3.664841651916504» fue una deriva aural por el
barrio madrileño de Vallecas, realizada para la convocatoria «Rutas
inciertas» de Clara Nubiola el pasado 9 de abril de 2012.

El planteamiento de «Rutas inciertas» era sencillo, muy apetecible, y
lleno de posibilidades. Las bases son simples: los participantes
comunican a Clara la ciudad o localidad donde se encuentran, y ella
les envía unas coordenadas que señalan el punto de arranque para su
deriva. Luego, los participantes envían a Clara un registro de su
deriva, en cualquier forma que se ajuste a un formato DIN A4 (bueno,
vale, me medio-salté esa norma). Aunque no soy nada propenso a los
formatos de concurso, me apeteció mucho realizar esto, aunque sólo
fuera como un ejercicio personal.

Para la ocasión, una vez que Clara me envió las coordenadas de mi
punto de arranque, estudié bien el mapa del área, y decidí que el
protocolo de trabajo consistiría en llegar al punto de la partida de
la manera más operativa y rápida posible y, una vez allí, apagar
móvil, portátil, etc., y deambular en la dirección aproximada de
Avenida de la Albufera / Pacífico, sólo usando la memoria visual que
retenía del mapa, y preguntando por direcciones si me perdía. El único
«cacharro» operativo sería mi grabadora, haciendo un registro sonoro
de mi deriva.

Hasta aquí, todo perfecto. Pero en una deriva hay que estar siempre
abierto a impulsos y cambios inesperados que puedan afectar el
planteamiento inicial (en este caso, la idea de deambular un poco y
dirigirse a pie hacia el centro de la ciudad, y, eventualmente, a
casa). Lo interesante en este caso fue que mi móvil se quedó sin
batería por el camino, y, aunque había estudiado y creía recordar bien
el mapa de la zona, me perdí nada más salir del metro, y, de hecho, la
parte interesante de la deriva fue precisamente encontrar el punto de
partida. A esto se le podría sumar el hecho de que iba con cierta
prisa (no quería demorarme mucho, no me apetecía deambular a oscuras),
y la impresión - muy equivocada, por cierto - de que las cosas se iban
a poner interesante en cuanto llegara al punto de partida y empezara a
«derivar». Estamos hablando de unos veinte minutos de desesperación
total en medio de un tranquilo y silencioso barrio residencial
suburbano de Madrid.

Huelga decir que la parte interesante de esto - la deriva en sí - fue
esa búsqueda inicial, deambulando por un barrio desconocido a media
tarde, completamente fuera de mi salsa, perdido. Una vez hallado este
punto, seguí paseando, y hasta me obligué a deambular un poco, pero,
realmente, me di cuenta de que iba más o menos en línea recta: en
resumidas cuentas, «sabía» dónde estaba, y aunque fue un paseo muy
interesante, la deriva había sido lo otro, lo de antes. Una vez
llegado a Puente de Vallecas, me di cuenta de que la zona ya me era
conocida, así que apagué la grabadora y di la deriva por terminada.

Supongo que tengo mucho que pensar y reflexionar a raíz de esto. Por
un lado, me sigo preguntando cómo hubiera sido la experiencia en el
caso de que mi móvil siguiera funcionando. (¿Acaso no lo miraría? ¿Se
puede uno perder de verdad en la época de la geolocalización
total?). Por otro lado, en otro proyecto ya me había topado con el
problema del esfuerzo y disciplina necesarios para conseguir perderse
«a posta», para mirar/ver/escuchar atentamente y mantener mente y
cuerpo abiertos a impulsos externos y a estos cambios de
idea/contexto/deseo que todos buscamos en estas prácticas. Luego,
repasando la grabación, me di cuenta de que, por perdido y desesperado
que me encontrara, no hablé con nadie, no entré en ningún bar a
preguntar nada. No sé por qué. A lo mejor me pudo el amor propio.

Así que, en resumidas cuentas, podríamos decir que esta deriva
ocurrió, realmente, antes de empezar.

La deriva fue lo de antes.

Algo es algo.

Kamen Nedev

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