jueves, 18 de septiembre de 2008

.walk: Stranger than Any Pynchon Conspiracy






Parece ser que socialfiction.org han pasado a otros proyectos, su sección de psicogeografía algorítmica ha sido recolocada en su web, y buena parte de los enlaces de antes ya no funcionan.

Así que me costó el oro y el moro volver a dar con este texto. Cuando cayó en mi buzón de entrada (de la mano de nettime, cómo no) allá por el 2002, supuso para mí un impacto que sería difícil de explicar en palabras. No solamente me puse a repasar toda mi bilbiografía sobre la IS, la psicogeografía, las derivas, sino que de repente pude vislumbrar conexiones con otros campos de conocimiento y práctica que me habían estado interesando desde hacía algunos años.

La lectura pormenorizada y bajo lupa de un texto que supone una traducción hizo mucho para quitarle buena parte del aura al asunto, pero, aun así, me gustaría compartirlo aquí con vosotras.

Así que a continuación os dejo con la traducción al castellano de dicho artículo.

El original (de momento) se encuentra aquí.


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.walk

MÁS RARO QUE CUALQUIER TEORÍA DE CONSPIRACIÓN DE PYNCHON [AAAHHH]



Computación ubicua en .walk

(por Barnaby Snap, Helsinki)

Sentado en un parque una rara tarde soleada, noté algo particular en algunos miembros de la muchedumbre que pasaba a mi lado. Algunos llevaban con ellos unas hojas verdes de tamaño DIN A4, que estudiaban con pasión a cada vuelta para saber en qué dirección dirigirse. Definitivamente, no era un mapa, quizás algún tipo de itinerario. Pero aunque estuvieran siguiendo instrucciones, tampoco parecían ir en una dirección concreta. Normalmente, sólo alguien perdido o en búsqueda de algo coge la misma calle una y otra vez, como estos paseantes porta-papeles. Por otro lado, parecían muy seguros de a dónde se dirigían.


Después de pasar un rato intentando entenderlo, el propósito de este extraño comportamiento se me hizo claro. [Aaahhh], pensé. ¡Oh, no!, pensé también, es uno de esos demenciales experimentos psicogeográficos que parecen estar teniendo lugar por todas partes hoy en día. Quiero decir, puedes irte a cualquier blog, y a los tres dobles clicks estarás leyendo el enésimo informe de un paseo psicogeográfico que habla de divagar sin rumbo en memoria del flaneur y de la “sublime magia del algoritmo”, siempre acompañado de oscuras fotos de oscuros callejones o altos edificios modernistas elevándose hacia el cielo. O sea, todo esto era muy divertido, pero ahora mismo está por todas partes, la psicogeografía está tan de moda como Prada. Qué digo, es incluso peor: la psicogeografía se ha convertido en los Dolce & Gabana del underground pedestre.

Paré a un chico y una chica que caminaban cogidos de la mano, que tenían una edad en la que uno verdaderamente debería estar pensando en otras cosas, como, por ejemplo, beber cerveza o fumar marihuana (tal y como hacían los verdaderos flaneurs), en lugar de participar en un paseo si sentido alguno [segundo a la izquierda, primero a la derecha, segunda a la izquierda, repetir]. Así que los paré con la intención de hacerles ver que la gente joven necesita diversión, y que ella era joven, demasiado joven para andar haciendo psicogeografía con un chaval con el que debería estar divirtiéndose. Pero, bromas aparte, hablando con ellos me di cuenta de que mis sospechas sólo eran justificadas en parte. También averigüé que lo que estaba ocurriendo a mi alrededor era más raro que cualquier teoría de conspiración de Pynchon: lo que había estado solemnemente observando no eran los deambulares de psicogeógrafos caminando según un algoritmo, sino el procesamiento peripatético de datos dentro de un ordenador ubicuo en el sentido más veraz del término [Aaahhh].

La pareja estaba efectuando una .walk - una dotwalk. Según parece, todo ello tiene que ver con funcionalidad añadida. Como un paraguas que también hace de silla, el punto en el walk convierte a la psicogeografía en la navaja suiza de la computación no-electrónica; pensad en Turing, pensad en Apollinaire implementado por Torvalds. Tal y como lo explicaron, parece tan demencial como Kool Keith haciendo el numerito de Dr. Octagon, pero, seamos sinceros, al concepto no le faltaba cierta lógica, aunque fuera dentro de su propia esquizofrenia. Porque, de acuerdo con este argumento, las personas ya están ejecutando algoritmos al realizarlos caminando según métodos psicogeográficos como “lo impredecible de la ruta”, o “la no-subjetividad de las direcciones” [Aaahhh], y sólo queda un pequeño paso para poder usarlos, a la vez, para lo que solemos usar los algoritmos: para efectuar cálculos. Si esto es posible, y no hay razón para que no lo sea, es posible construir un “Ordenador Universal Psicogeográfico”, una extraña construcción en la que la gente, caminando, genera un ordenador.

[Aaahhh]


Entonces... Hay código, con una extensión .walk (lo que la pareja llevaba en mano realmente parecía código informático que estuvieran corriendo [Aaahhh] caminando), y todas estas personas que participan generan su run/walktime.

[Aaahhh], pensarán ustedes, y seguirán pensando [Aaahhh] un bien rato, y si son tan inteligentes como yo, y estoy seguro de que lo son, decidirán por sí mismos que todo esto tiene sentido. [Aaahhh]

[Aaahhh]

.Walk tiene el eslogan de “Caminar juntos por separado”, y el momento clave en el funcionamiento de este ordenador pedestre es el encuentro fortuito: cuando dos psicogeógrafos diferentes cruzan sus caminos, inmediatamente empiezan a apuntar toda clase de cosas de la hoja del otro. Durante estos intercambios, los datos generados durante el paseo van incrementando su volumen dentro del sistema. Pero la información sólo pasa a ser conocimiento si puede llegar a aquellos individuos dentro de la red que la necesitan. La información quiere ser útil, como dice el refrán, y aquí ocurre lo mismo, así que los datos tienen que atravesar el sistema con rapidez. Hay gente que está empezando a hacer .walks en bicicleta para acelerar la velocidad de procesamiento, creando así una especie de “ciclotrón”. Pero no nos distraigamos, ¿vale? Cuando un agente recibe nuevos datos, los datos no tienen que ser útiles para este agente en este preciso momento. Pero, ya que los ha almacenado, la información ha sido copiada (duplicada, luego triplicada, a una velocidad exponencial), y es cada vez más probable que dé con un agente que pueda usarla. Para hacer que un sistema .walk así funcione, sólo se necesita una cierta cantidad de agentes para superar las estadísticas - pensad en cómo las hormigas resuelven el mismo problema.

No tuve la oportunidad de hablar con la gente de socialfiction.org que está detrás de todo esto, pero sí pude averiguar que el proyecto acaba de comenzar, y que ahora mismo lo más importante para ellos es que la gente se acostumbre a la idea, hay mucha gente para la que todo esto del código es algo ajeno, y que tienen dificultades cuando se encuentran con grandes cantidades de código .walk. Esto quizás no resulte extraño si uno observa otros experimentos en su página web. Sólo me pregunto si sería posible programar inteligencia artificial en una .walk.


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Para los intrigados, aquí hay un tutorial de programación en .walk para "dummies".

Y, por supuesto, como todo proyecto de software libre que se precie, .walk tiene su readme.

Y
aquí hay un ensayo algo más amplio sobre el tema.

3 comentarios:

Marta Villota dijo...

Increíble...


Muuuy fueeeerte lo del “Ordenador Universal Psicogeográfico” generado por el caminar de la gente... pero sí, podría ser que “lo impredecible de la ruta” sea un ejemplo del uso de algoritmos y la clave esté en el encuentro; ¿quién dice lo contrario?...
...siempre es así, y cuanto más fortuito más perfecto es el encuentro.


ahora entiendo por qué se fueron mis hormigas...

kamen dijo...

Hm.

Es una hipótesis tan descabellada, que me encantaría que pudiera probarse.

Aunque, parece que ya están estropeando la idea - eso de ir en bicicleta para acelerar el cálculo... ¿Qué será lo siguiente? ¿Una GUI?

Los encuentros sólo pueden ser fortuitos. A lo otro, lo llamamos "citas". (O sea, algo así como "encuentros imperfectos").

¿Qué les pasó a tus hormigas?

Marta Villota dijo...

Siempre seguían la misma ruta, aun sin haber comida (...despistadas psicogeógrafas...); las rutas marcadas por sus feromonas, claro. Pero un día perdieron la costumbre, perdieron densidad,... las feromonas se evaporaron... y las hormigas no se encontraron.